TDAH infantil: ¿Qué señales observar más allá de la hiperactividad?
- El TDAH no siempre se manifiesta con hiperactividad evidente; también puede expresarse como distracción, desconexión, tareas inconclusas o bajo rendimiento sostenido.
- En niñas, la dificultad para concentrarse, organizarse o completar tareas puede confundirse con timidez o desinterés, retrasando la identificación del TDAH.
No todos los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) muestran una conducta inquieta. En algunos casos, el trastorno suele manifestarse de forma diferente, predominando las dificultades para mantener la atención, organizar tareas o seguir instrucciones, sin conductas disruptivas que llamen la atención del entorno.
Esta diferencia en la forma de manifestarse también explica por qué muchas niñas tardan más en ser diagnosticadas. El CDC de Estados Unidos reporta que el 13% de varones ha recibido un diagnóstico, frente al 7% en mujeres, lo que no responde a una menor presencial del trastorno, sino a un infra diagnóstico. “El principal reto es que muchas niñas no responden al perfil clásico del TDAH. Como no presentan una hiperactividad evidente, sus dificultades para concentrarse u organizarse suelen confundirse con distracción, desinterés o timidez, lo que retrasa el diagnóstico y el acceso al tratamiento”, explica César Rojas Valdez, psicólogo clínico del Complejo Hospitalario Alberto Barton, operado por IBT Group.
En Perú, la importancia de identificar estas señales a tiempo se refleja en las cifras del Ministerio de Salud, que entre enero y junio de 2025 registró 25,010 atenciones por TDAH, de las cuales el 80% correspondió a población infantil. No obstante, el desafío no es solo reconocer los casos más evidentes, sino también aquellos en los que el trastorno se manifiesta de forma más sutil para acceder a una evaluación especializada y evitar que el diagnóstico se retrase.
Qué observar más allá de la hiperactividad
El especialista recomienda observar ciertos patrones cuando se mantienen en el tiempo, aparecen en más de un entorno y empiezan a afectar la convivencia o el aprendizaje.
- Dificultad para sostener la atención. En casa puede pasar desapercibida, sobre todo en los primeros años. Sin embargo, en el colegio suele notarse cuando el niño o la niña se distrae con facilidad, deja tareas inconclusas o no logra seguir el ritmo de una actividad.
- Impulsividad constante. Puede expresarse cuando el menor actúa sin medir consecuencias, responde de manera emocional, interrumpe o tiene dificultades para esperar turnos.
- Problemas para autorregularse. No se trata solo de moverse mucho. La alerta aparece cuando cuesta controlar la conducta, respetar reglas o no invadir el espacio de otros niños.
El colegio suele ser uno de los primeros espacios donde estas señales se hacen más claras, porque permite observar rutinas con normas, tareas sostenidas y relación con pares. Aun así, no toda distracción debe entenderse como TDAH. Problemas emocionales, conflictos familiares, bullying o ansiedad también pueden afectar la concentración.
El riesgo de no tener un diagnóstico
No identificar el TDAH a tiempo también puede afectar la autoestima. Cuando el entorno no entiende lo que ocurre, el niño puede crecer bajo etiquetas como inquieto, malcriado, problemático o desobediente. Un diagnóstico temprano permite cambiar esa mirada, entender qué dificultad existe y acceder a un acompañamiento adecuado, que puede incluir terapia conductual, terapia ocupacional, entrenamiento en atención, orientación familiar y, solo en caso se requiera, medicación.
“Muchos adultos recién buscan ayuda al reconocer que, desde niños, tenían dificultades para concentrarse, organizarse, terminar tareas, seguir reglas o controlar su inquietud. En estos casos, no se trata de una aparición repentina del TDAH, sino de señales que pudieron pasar desapercibidas durante años y que hoy pueden afectar su desempeño laboral, vínculos personales o manejo de responsabilidades cotidianas”, señala Rojas.
Por eso, ante señales persistentes, la recomendación no es esperar a que el problema se haga más evidente ni reducirlo a falta de interés o disciplina. Buscar una evaluación a tiempo permite reconocer dificultades que no siempre interrumpen el entorno, pero que sí pueden afectar el aprendizaje, la autoestima y la vida diaria del niño.

