Cómo construir una cultura donde los equipos se atrevan a proponer ideas

Cómo construir una cultura donde los equipos se atrevan a proponer ideas

En organizaciones que necesitan adaptarse constantemente a nuevos mercados, tecnologías y formas de trabajo, la capacidad de generar ideas y encontrar nuevas soluciones se ha convertido en una competencia cada vez más importante. Sin embargo, contar con personas creativas no siempre es suficiente. También es necesario que existan condiciones para que puedan expresar sus propuestas, cuestionar lo establecido y plantear alternativas sin temor a equivocarse.

Para Jonathan Golergant, rector de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), el liderazgo cumple un papel central en la construcción de estos espacios. “Un equipo difícilmente va a proponer nuevas ideas si siente que cada error será sancionado o que sus opiniones no serán escuchadas. El líder debe generar la confianza necesaria para que las personas puedan plantear ideas, hacer preguntas y también reconocer cuando algo no funciona”, señala.

La confianza como punto de partida

Una cultura de innovación requiere que los equipos puedan experimentar y aprender durante el proceso. Esto implica que los líderes no evalúen únicamente los resultados finales, sino que también valoren la capacidad de identificar problemas, plantear hipótesis y buscar alternativas. “Las buenas ideas pueden surgir en cualquier parte de una organización. El desafío del líder está en generar los espacios para que las personas puedan compartirlas, desarrollarlas y convertirlas en soluciones”, señala.

Estos espacios pueden tomar distintas formas, desde reuniones destinadas específicamente a discutir problemas hasta sesiones de trabajo colaborativo en las que participan personas de diferentes áreas. Lo importante es que exista una dinámica que permita que el conocimiento circule y que los colaboradores tengan oportunidades concretas para plantear sus perspectivas. “Muchas veces quienes están más cerca de un proceso, de un cliente o de un problema tienen información muy valiosa para encontrar una solución. El líder tiene que crear los mecanismos para escuchar ese conocimiento”, explica Golergant.

En ese contexto, un aspecto relevante es la diversidad de perspectivas. Los equipos que reúnen personas con distintas experiencias y formas de abordar los problemas pueden encontrar alternativas que difícilmente surgirían desde una sola mirada. Para aprovechar esa diversidad, los líderes necesitan crear espacios donde las personas puedan expresar sus puntos de vista y discutirlos de manera constructiva. “Un buen equipo no es aquel en el que todos piensan igual, sino aquel en el que las personas pueden expresar sus diferencias y utilizarlas para construir mejores soluciones”, sostiene el rector.

Construir una cultura donde las personas se atrevan a proponer ideas requiere, por ello, acciones concretas en la gestión cotidiana. Escuchar activamente, reconocer las iniciativas, dar espacio para experimentar, aprender de los errores y promover conversaciones abiertas son prácticas que pueden ayudar a que la innovación forme parte de la dinámica habitual de los equipos. Para Golergant, este proceso también supone una responsabilidad para quienes ocupan posiciones de liderazgo. “Los líderes tienen que ser los primeros en mostrar disposición para aprender, escuchar otras perspectivas y reconocer que no siempre tienen todas las respuestas. Esa actitud genera un ejemplo que puede extenderse a toda la organización”.

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