¿Tu hijo duerme lo suficiente? La falta de sueño puede afectar su aprendizaje y rendimiento escolar
- Especialista explica cómo el sueño influye en la memoria, la atención y el bienestar emocional de niños y adolescentes y comparte seis recomendaciones para mejorar sus hábitos de descanso.
Las tareas, las actividades extracurriculares y el uso de dispositivos electrónicos hasta altas horas de la noche hacen que cada vez más niños y adolescentes duerman menos de lo que necesitan. Aunque muchas veces este hábito pasa desapercibido, la falta de descanso puede afectar su concentración, capacidad de aprendizaje, estado de ánimo e incluso su desempeño en el colegio.
En este contexto, Verónica Palacios, psicóloga del nivel Medianos del Colegio de la Inmaculada Jesuitas, explica que según la edad, los escolares requieren entre 9 y 12 horas de sueño por noche, mientras que los adolescentes necesitan entre 8 y 10 horas para favorecer su desarrollo físico, emocional y cognitivo. Indica que, durante el sueño, el cerebro organiza la información aprendida durante el día, fortalece la memoria, favorece la atención y contribuye a una mejor regulación de las emociones.
“Un descanso adecuado permite que niños y adolescentes lleguen al colegio con mayor capacidad para concentrarse, resolver problemas, controlar sus emociones y participar activamente en los procesos de aprendizaje. Desde el Colegio de la Inmaculada Jesuitas promovemos una educación integral que reconoce el bienestar físico y emocional como una condición indispensable para aprender y desarrollarse plenamente”, señala la especialista.
Palacios advierte que los efectos de un descanso insuficiente pueden hacerse visibles en la rutina diaria de los estudiantes, desde dificultades para mantener la atención durante las clases hasta cambios en su comportamiento, energía y disposición para participar en clases. Por ello, brinda seis recomendaciones para fortalecer los hábitos de sueño en casa y contribuir al bienestar integral de sus hijos durante la jornada escolar:
1. Mantener horarios regulares para dormir y despertar. Procurar que los niños y adolescentes se acuesten y se levanten aproximadamente a la misma hora todos los días ayuda a regular su reloj biológico y favorece un descanso de mejor calidad, incluso durante los fines de semana.
2. Evitar el uso de pantallas antes de dormir. La luz emitida por celulares, tablets, computadoras y televisores puede retrasar la producción de melatonina, la hormona que facilita el sueño. Lo recomendable es suspender su uso al menos una hora antes de acostarse.
3. Crear una rutina nocturna que favorezca la relajación. Leer un cuento, conversar en familia, escuchar música tranquila o practicar ejercicios de respiración ayuda a preparar el cuerpo y la mente para descansar, especialmente en los niños más pequeños.
4. Procurar un ambiente adecuado para dormir. Una habitación oscura, silenciosa, ordenada y con una temperatura agradable favorece un sueño profundo y reparador. También es recomendable evitar ruidos o estímulos que puedan interrumpir el descanso.
5. Evitar sobrecargar la agenda diaria. Aunque las actividades extracurriculares aportan al desarrollo de niños y adolescentes, es importante que los padres organicen sus horarios para que sus hijos tengan tiempo suficiente para relajarse, compartir en familia y prepararse para dormir sin prisas ni estrés.
6. Observar cambios en su comportamiento. Irritabilidad, dificultad para concentrarse, somnolencia durante el día, cambios de humor o bajo rendimiento escolar pueden ser señales de que el descanso no está siendo suficiente. Identificar estos cambios a tiempo permite realizar ajustes en las rutinas familiares y, si es necesario, buscar orientación profesional.
De acuerdo con Palacios, el descanso debe entenderse como un aliado del aprendizaje y no como tiempo perdido. Los estudiantes que duermen las horas necesarias suelen mostrar una mayor capacidad para recordar lo aprendido, mantener la atención en clase, regular sus emociones y afrontar los desafíos escolares con mayor seguridad.
“Es importante considerar, que si a pesar de que los padres ponen en práctica estas recomendaciones, las dificultades de sus hijos para dormir persisten, se despiertan con frecuencia durante la noche, roncan de manera habitual o amanecen cansados, es recomendable consultar con un pediatra, quien podrá realizar una evaluación inicial y orientar el manejo o la derivación correspondiente a otro especialista. Una intervención oportuna y un abordaje integral pueden contribuir significativamente al bienestar y al desarrollo del niño”, concluye la experta.

