¿Tu hijo se frustra con facilidad? Seis claves para enseñarle a manejar el error sin perder la motivación
Experto advierte que la sobreexigencia puede aumentar la frustración en niños y propone cambiar el enfoque: ver el error como parte del aprendizaje fortalece la autoestima y la resiliencia.
Cada vez más padres se preocupan porque sus hijos lloran cuando pierden un juego, se frustran si no les sale una tarea o se bloquean ante el error. Lejos de ser un simple “mal carácter”, especialistas advierten que esta reacción puede estar relacionada con presión excesiva, miedo a fallar o una autoestima basada únicamente en resultados.
“Hoy muchos niños no toleran equivocarse porque han aprendido que el error es sinónimo de fracaso. Y cuando eso pasa, aparece la frustración, el llanto o incluso el rechazo a intentarlo otra vez”, explica Sandro Farina, psicoterapeuta experto en dinámicas familiares.
Según el especialista, uno de los principales enemigos en este proceso es la presión. “Frases como ‘tienes que hacerlo bien’ o ‘no te puedes equivocar’ generan ansiedad. El niño deja de enfocarse en aprender y empieza a enfocarse en no fallar”, advierte. Frente a ello, propone cambiar el enfoque: convertir el error en un aliado del aprendizaje. “Cuando el niño entiende que equivocarse es parte del proceso, se libera del miedo y se anima a intentar”, agrega.
En esa línea, Farina, comparte algunas recomendaciones prácticas para ayudar a los niños a manejar la frustración y fortalecer su motivación:
1. Validar la emoción, no minimizarla. Evite frases como “no es para tanto”. Si se frustra o llora, reconozca lo que siente: “entiendo que te moleste”. Sentirse escuchado le permite regularse y no reprimir la emoción.
2. Cambiar el foco del resultado al esfuerzo. Más que el “ganar o perder”, valore el intento: “lo seguiste intentando”, “te esforzaste”. Esto refuerza la motivación interna y reduce el miedo al error.
3. Normalizar el error como parte del aprendizaje. Explique que equivocarse es natural. Por ejemplo: “cuando aprendiste a caminar, también te caíste”. Así deja de ver el error como fracaso.
4. Evitar comparaciones. Compararlo con otros niños o hermanos afecta su seguridad. Cada niño tiene su ritmo. Las comparaciones aumentan la frustración y disminuyen la confianza.
5. Enseñar a intentar de nuevo, sin presión. Después del error, invítelo a volver a intentar con acompañamiento: “¿probamos juntos otra vez?”. La contención reduce el miedo a fallar.
6. Revisar el nivel de exigencia en casa. Si siente que solo es valorado cuando lo hace bien, desarrollará miedo al error. Es clave reforzar que su valor no depende de su desempeño.
Para Farina, el objetivo no es evitar que los niños se frustren, sino enseñarles a atravesar esa emoción. “La frustración no es el problema. El problema es no saber qué hacer con ella. Si un niño aprende a tolerarla, gana una herramienta para toda la vida”, enfatiza.
Aprender a equivocarse sin miedo no solo mejora el rendimiento, sino que fortalece la seguridad emocional. En un entorno donde el error se ve como oportunidad y no como amenaza, los niños no solo aprenden más, sino que también crecen con mayor confianza en sí mismos.

