Virus Coxsackie: Lo que las familias deben saber para prevenir contagios

Virus Coxsackie: Lo que las familias deben saber para prevenir contagios
  • La enfermedad suele manifestarse con fiebre, dolor de garganta, llagas en la boca y pequeñas ampollas o sarpullido en manos y pies.
  • El lavado frecuente de manos, la limpieza de superficies y la detección temprana de síntomas ayudan a reducir el contagio en casa y en el colegio.

Ante la aparición de casos del virus Coxsackie en Lima y otras regiones, existe preocupación entre padres de familia y comunidades educativas. Sin embargo, más allá de la alarma inicial, es importante entender que la enfermedad conocida como “mano, pie y boca”, causada frecuentemente por este virus, suele ser leve y resolverse en pocos días.

La infección afecta principalmente a niños pequeños, especialmente entre 1 y 5 años. En la mayoría de casos, empieza con síntomas parecidos a los de una infección viral común: fiebre, dolor de garganta, malestar general, irritabilidad, falta de apetito o rechazo a comer y beber. Luego pueden aparecer llagas dolorosas dentro de la boca, así como pequeñas ampollas, granitos o sarpullido en las palmas de las manos, plantas de los pies y, en algunos casos, en glúteos o piernas.

“En esta etapa, es difícil que los niños expresen con claridad sus síntomas o malestares, por lo que los padres y cuidadores deben estar muy atentos a cualquier señal o cambio en su comportamiento”, explica el Dr. César Alfaro, director médico del policlínico Guillermo Kaelin, operado por IBT Group.

Por ello, el especialista comparte tres recomendaciones clave para prevenir contagios y actuar a tiempo:

1. Reforzar los hábitos de higiene

El lavado frecuente de manos con agua y jabón es una de las medidas más importantes, especialmente después de ir al baño, cambiar pañales, toser, estornudar o antes de comer. También se recomienda limpiar y desinfectar superficies de uso común, juguetes, mesas, manijas y objetos que los niños manipulan con frecuencia.

Ante un caso confirmado en el entorno cercano, es importante evitar compartir utensilios, vasos, bebidas u objetos personales.

2. Observar los primeros síntomas

Uno de los errores más frecuentes es esperar a que aparezcan las lesiones en la piel para tomar medidas. Sin embargo, la enfermedad puede comenzar antes con fiebre, dolor de garganta, malestar general, irritabilidad o rechazo a tomar líquidos.

Las ampollas o el sarpullido suelen aparecer entre uno y tres días después del inicio de los primeros síntomas, cuando el virus ya pudo haberse transmitido en el entorno cercano, especialmente en espacios escolares o familiares. Por eso, si un niño presenta fiebre, malestar o molestias en la boca, es importante observar su evolución, evitar enviarlo al colegio mientras tenga síntomas y consultar con un profesional de salud si existen dudas.

3. Consultar si hay señales de alerta

Aunque la enfermedad suele resolverse por sí sola en un periodo aproximado de siete a diez días, los padres y cuidadores deben estar atentos a signos que requieran evaluación médica.

Las llagas en la boca pueden hacer que el niño coma o tome menos líquidos. Por eso, se recomienda consultar de inmediato si presenta fiebre alta, vómitos persistentes, rechazo constante de líquidos, menor cantidad de orina, decaimiento marcado o signos de deshidratación.

“Asimismo, los padres y cuidadores deben recordar que, al identificar síntomas o tener sospecha de contagio, se debe avisar inmediatamente al colegio para que se implementen las medidas necesarias para el bienestar de toda la comunidad educativa”, señala el Dr. Alfaro.

¿Los adultos también deben cuidarse?

Aunque el virus afecta principalmente a niños, los adultos también pueden contagiarse. En ellos, el cuadro puede ser menos claro y manifestarse con fiebre, dolor de garganta, malestar digestivo o síntomas respiratorios leves que podrían confundirse con una gripe.

Por ello, padres y cuidadores también deben reforzar las medidas preventivas en su rutina diaria: lavarse las manos durante al menos 20 segundos, limpiar superficies, evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca, y mantener la higiene incluso después de la recuperación del menor, ya que el virus puede seguir eliminándose a través de las heces aun cuando los síntomas hayan desaparecido.

Los adultos son clave tanto en el contagio como en la prevención. Reforzar la higiene, observar los síntomas y actuar a tiempo desde casa permite cortar la cadena de transmisión sin caer en alarmismos.

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